Hace ya, tal vez más de cincuenta años que comencé a hacer mis viajes a caballo entre la Tucumán y Tafí del Valle.Para hacer esa travesía de treinta horas cuesta arriba, cuesta abajo, tres cerros, algunas quebradas y un largo faldeo en el Valle de las Carreras para entrar a Tafí; yo tenía una mula en Acheral. Una deliciosa aldea que conocí, amé y jamás olvido... ¡Acheral de Tucumán! Ahí tenía mi mula y de ahí salí ocho o diez veces durante ocho o diez años seguidos. Jamás fui en automóvil a Tafí del Valle, siempre al montao, desde Acheral a Tafí del Valle. Eso con el tiempo me trajo esta facultad y este montón de recuerdos y de ideas. Y las ganas de decirle mi amor y mi cariño y mi recuerdo permanente a Tucumán, a Acheral y sobre todo a la luna tucumana. Porque yo salía a las cinco de la mañana, a las cuatro de la mañana, ensillaba mi caballo, mi mula y salía. Y recién me amanecía en el faldeo, a mitad del camino... ¡recién me amanecía!. Vale decir que la luna me acompañó siempre, por eso digo en los versos "Yo no le canto a la luna, porque alumbra y nada más, le canto por que ella sabe de mi largo caminar".
Y qué felicidad, ahora en este fin del 89 encontrar a unos amigos, compañeros, hermanos del desvelao como yo; Los Tucu Tucu. Que tienen un alto sentido, un honroso sentido de la tucumanidad, que vuelven a cantar, a hacer sonar despacito sus guitarras y recordar conmigo y con todos los argentinos que aman lo antiguo y lo de siempre, aquella luna tucumana de los recuerdos no solamente míos, sinó de todo criollo que le ha gustado trajinar las sendas del país. De este hermoso y delicioso, inolvidable y amado país; que es nuestra Argentina.
Aquí comparto con Uds. "La letra de Luna Tucumana"
