Mientras el Sol irradiaba incesante, mucha gente llegaba a recorrer y dejaba "muestras de arribo" en alguna de las dos cruces de la cima. Entre todas ellas una Señora en particular; de sesenta y algo de años, pelo largo y canoso, vestido blanco, nos hacía advertencias. "No acampen acá, a la noche refrezca y corre viento. Se pueden volar las carpas, además parece que va a llover" Bueno, bueno... Tuvimos en cuenta las recomendaciones, así que fijamos bien el campamento y reforzamos todo con rocas del lugar. Antes de irse (desaparecer) la señora nos dijo: "Chicos, si están a la noche, no se asusten que yo voy a venir y a la madrugada cuando refrezca, siempre busco resguardo cerca de las carpas".
Risas, charlas, mates y llegó la noche. El asado se hizo demorar, pero a las doce ya estaba a punto. Refrescó un poco y cada tanto una nube pasaba entre nosotros. Era una sensación como de estar en el cielo. La nube nos cubría por completo y cuando se iba todo quedaba mojado. Recuerdo que por aquel entonces estaba el Festival de Villa María el cual lo conducía Valeria Linch. Habíamos terminado de comer el asado y lo que sonaba era una pequeña radio que sintonizaba cadena 3. El cielo estaba en todo su esplendor, por lo que decidimos subir a ver estrellas fugaces, luces y porque no algún OVN
I. Sonaba el tema "Piensa en mi" en la radio. Y esto es muy "cómico", porque subimos cantando a coro ese tema "Pieeeensa en miiii"... cuando sentimos que alguien nos habló. Silencio paulatino en el coro. De los cinco quedamos cantando dos, cuando una voz nos repite: "Silencio chicos, estamos entrando en contacto" Esas palabras fueron un detonador para la risa, que tuvo que hacer implosión, porque "ellos" estaban buscando conexión y nosotros decíamos: "PIENSA EN MI" (jajaja). En fín, nos quedamos tranquilitos y nos ubicamos un poco alejados de esta gente. Estaban haciendo una especie de ritual o mantra, con expresiones en lenguajes desconocidos para nosotros y tiraban como unas piedrecillas al suelo. Con todos estos sucesos, no aguantamos mucho ahí arriba; así que al rato nos volvimos al campamento en dos tandas.
Mi hermano y yo fuimos los primeros en irse a acostar y como a la media hora el segundo grupo hizo lo mismo. Pasado un tiempo el silencio eterno era el amo del lugar. Hasta que ya no fue así: un cuchicheo podía escucharse afuera de las carpas. El reflejo del fuego dejaba ver la sombra de una persona sentada junto al fogón apenas encendido. Luego esta silueta iba y venía como rodeando la carpa. Mis amigos pensaban que era yo (soy de hacer ese tipo de chistes). De momentos se acercaba y jalaba los dedos del pie de mis amigos. Estos vociferaban insultos a mi nombre, alegando "¡queremos dormir!", pero la molestia era incesante. La sombra se alejaba para después regresar, una y otra vez.
Cuando ya había pasado más de una hora, empezaron a dudar si realmente podría ser yo quién les jugaba una broma. Ya era mucho tiempo para un chiste y afuera hacia un frío de los que calan los huesos. El silencio volvió a adueñarse de la situación. Sólo estaban atentos a lo que ocurría alrededor. Tenían mucha curiosidad de saber quién andaba por ahí, pero el temor no les permitía abrir la carpa. Fue cuando empezaron a oir nuevamente hablar a una persona. Hablaba para si misma, sola. Sus palabras no se entendían, era como un susurro que se hacía cada vez más fuerte. Uno de mis amigos no soportó y abrió un poco el cierre de la tienda para espiar.
En cuclillas frente a ellos estaba la mujer de aquella mañana, mirando y "rezando" en algún tipo de lengua. Con nervios cerró rápido y se acomodó para no ver lo que estaba sucediendo afuera, pero ya no pudo dormir. Se moría por contarles la verdad a sus compañeros, pero no quería preocuparlos. "Son unos perros que andan sueltos". No eran convincentes sus palabras, pero nadie quería dudar de ello. En breve amanecería y con la luz todo volvería a la calma.
Dicho y hecho, a las seis de la mañana ya empezó a aclarar, entonces nos levantamos. Unos bien dormidos y otros no tanto. Al mirar el lugar, notamos que había un par de cambios en el campamento. El asado que nos había sobrado ya no estaba, había bastante desórden en todo: rocas por aquí... por allá. En fín, dos fuimos a buscar agua a la vertiente que está varios metros abajo, cercana al "Valle de los Espíritus". El resto se quedó acomodando y encendiendo nuevamente la fogata para tomar mate y charlar. El sol se ponía más y más fuerte, hasta que llegó una hora en la que no había sombra donde refugiarse. Improvisamos un par de toldos entre las rocas y ahí estuvimos un tiempo disfrutando el paisaje. Se pueden ver todos los pueblos de alrededor, caminos que llevan a ninguna parte, grandes estancias de quién sabe quien, animales a lo lejos, belleza mucha belleza y aire puro.
Ya cuando nos preparábamos para partir, levantando campamento encontramos lo que debe ser una especie de gualicho: fotos de personas, escritas por detrás y encintadas alrededor. Así como estaban las dejamos en su lugar. Recuerdo haber rezado en silencio por ellos, tomar mi mochila y empezar a bajar con mis amigos. Ya en el Valle, polulaban "personajes" que contaban haber visto Luces en la cima: "Eran de todos colores, impresionante loco" (¿Habrá sido la fogata o las linternas nuestras?) Vaya a saber que vieron los muchachos. Dejamos nuestras muecas de incredulidad y seguimos bajando. Metros después tuve una mala pisada y me doblé el tobillo. Les cuento que en bajada y con peso, cuando te doblás el pie queda sensible y ya no pisás bien, sobre todo por la mochila a cuestas. Entonces iba contando las veces que me volvía a doblar: fueron dieciocho.
Cualquiera diría que llegúe a mi casa con un esguince marca Acme, pero debo desilucionarlos una vez más. Habiendo descendido, nos quedamos a refrescarnos en el río Calabalumba ("Corral de Piedras") que está en la base del Uritorco. Sentí un gran alivio en las aguas heladas, tanto así que una hora después estaba recorriendo normalmente con los chicos la Ciudad de Capilla del Monte. Después comimos unos buenos choripanes y bebimos un par de gaseosas heladas. Anduvimos un poco más por el lugar y al final, para no dejarlos con las ganas de lo sobrenatural, nos tomamos el primer ovni-bus a casa. ***77arcos